La bala que impactó en Crawford


Por Tomás Hermán.

Todo el mundo tuvo un hecho en su vida que marcó un antes y un después. Es esa situación que sella un punto de inflexión en el que uno sabe que no puede retroceder si realmente quiere seguir avanzando. Para Terence Crawford, un boxeador profesional con tan solo cuatro combates por entonces, ese momento llegó una noche de septiembre de 2008 en la que se encontraba jugando a los dados con unos pandilleros en las difíciles calles de Omaha. Dinero y suerte, dos factores que no siempre van unidos y que aquella noche hicieron acto de presencia en direcciones opuestas. Crawford, tras embolsarse algo de dinero con aquellos dados, tomó su dinero y se dispuso a marcharse en su Pontiac. Una vez en su interior y llevando a cabo el recuento, encontró sentido al encabezamiento de estas palabras cuando una bala de 9 mm procedente de un tiroteo que comenzaron el resto de aquellos jugadores atravesó su nuca. El impacto en el parabrisas produjo un desvío en la trayectoria del proyectil que marcó la diferencia entre su vida y su muerte. Cuando pudo percatarse de lo que estaba sucediendo, éste se puso en marcha y condujo hasta el hospital más cercano, sangrando abundantemente. Fue entonces cuando tuvo que plantearse su situación en la vida, y la necesidad de cambiar sus amistades pandilleras para no acabar fiambre. Esta decisión, junto con el nacimiento de su hijo, le hizo coger las riendas de su destino y se dispuso a ser el mejor en aquello que realmente sabía hacer desde que se calzase por primera una guantes a la edad de 7 años. 

Crawford nació en el seno de una humilde familia en Omaha. Su vida no fue fácil y siempre se encontró metido en problemas, teniendo que cambiar de colegio en varias ocasiones tras sus expulsiones motivadas por sus peleas. Conforme fue creciendo sus problemas no aminoraron, y relacionándose con la gente equivocada, tuvo que aprender a lidiar con la ley de la calle.

En su época como púgil amateur existen diversos logros en cuanto a Títulos Nacionales, Torneos Guantes de Oro y Juegos Panamericanos se refiere, hasta llegar al Preolímpico de 2008. Llegó a cruzar guantes con talentos como Danny García, Diego Magdaleno, Sadam Ali o Yordenis Ugas.

Su paso al profesionalismo se produjo en 2008, acumulando una serie de victorias que le llevaron seis años después hasta Escocia, país donde arrebató por puntos el Campeonato del Mundo OMB Ligero al local Ricky Burns. Aunque realmente, el combate que le dio a conocer fue su victoria ante el invicto Yuriorkis Gamboa, al que dominó y noqueó en nueve asaltos. La adversidad del cubano se acabó cuando el de Omaha cambió su guardia a la de zurdo, como es habitual en él, y descompuso la figura del Ciclón. 

El resto, una defensa más ante Ray Beltrán, y el salto al superligero para conquistar la corona OMB ante Thomas Dulorme. Título éste que unificaría con el del CMB doblegando por puntos al invicto Viktor Postol en un inteligente combate, y que sacó de dudas a aquellos que aún no creían en su potencial. Aquella bestia ucraniana que venía de noquear a Mathysse y al que muchos auguraban una victoria con sus 187 centímetros de envergadura, quedó a merced del talento de Crawford, quien le llevó a la distancia que quiso en todo momento para golpearle a placer con gran velocidad. 

A día de hoy, Terence se encuentra a un paso de consagrar su legado, ya que se rumorea su nombre como el siguiente para enfrentar a Manny Pacquiao. Pero este superligero puede convertirse en una pesadilla para el senador filipino, quien está lejos de ser aquel púgil de velocidad endiablada y desplazamientos fugaces al que nos tenía acostumbrados. Crawford es un boxeador muy completo en todo los sentidos. Pega, defiende, se desplaza, cambia la guardia, combina, contraataca, contragolpea, y si llega a encajar un golpe lo asimila y continua con su sobresaliente labor. No hay duda de su calidad pugilística, y eso llevó a Freddie Roach a no elegirle como primera opción para el regreso del Pacman. Ahora, con las cartas sobre la mesa, es una opción muy probable. Y no me gustaría estar en las esquina de Freddie. Porque este es el momento de Crawford. Aquel que hace ocho años cambió el rumbo de su historia con el impacto de una bala.